Clausura Carnaval

Me pregunto si apenas dos semanas son suficientes para elegir qué vas a hacer el resto de tu vida. Me pregunto si tenemos tan claro qué queremos ser cuando nunca lo hemos sido, cuando no nos hemos puesto en esa vida ni cinco minutos, cuando apenas estamos abriendo los ojos a lo que se nos muestra por delante. Tenemos capacidad de elegir muchas cosas y tantas otras se nos escapan.  Muchos dicen que es falta de madurez, que es adelantarse. Yo creo que alguna vez hay que decidir, que no por demorar tiene por qué hacerse mejor, que a decidir se aprende decidiendo y fracasando se aprende a que no son fracasos, son menos aciertos.

Me gustaría agradeceros a todos vuestra participación en este Carnaval. Gracias por haber pasado por este blog tanto para participar como para leer las entradas y contribuciones que se han ido haciendo a lo largo del mes. Una de las cosas que me ha brindado la oportunidad de ser anfitriona de este Carnaval, es el hecho de poder difundir un poquito de química. Hacer, aunque de forma tímida, un espacio donde intercambiar la ciencia que elegí por vocación.

La vocación es el motivo por el que muchos alumnos de bachillerato han elegido su camino, aunque tengan que escuchar el consabido: pero, ¿y eso tiene salida? La alumna a la que hace años daba clases de refuerzo en matemáticas, pronunció una tarde esas palabras porque según me decía: no tenía vocación. No soñaba con ejercer una profesión concreta sino que le gustaba esa materia en concreto, el conocimiento que le aportaba esa carrera que semanas después elegiría, y se imaginaba feliz —o me imaginaba yo— ejerciendo un puesto de lo suyo.

Me gustaba darle clases a esa chica especialmente. Cada vez que me preguntaba algo sobre el futuro de una licenciatura, me miraba con los ojos de la incertidumbre, del “algo habrá cuando termine, aún queda mucho”, del “me quedan los últimos cinco años en los que sé exactamente qué estaré haciendo”. Cada vez que la miraba me veía a mí con diecisiete años. Escuchar sus preguntas era volver a recordar las mías. Si digo la verdad, nunca me extendía mucho en las respuestas. Nadie le puede contestar a un alumno qué va a pasar cuando termine una licenciatura. Después de una carrera hay un punto de inflexión grande, ese gran vacío del: ¿y ahora, qué? empieza a ganar presencia en los últimos años.

Cuando se aproximaba el final de la licenciatura y ves que te queda un suspiro por terminar apremias el paso sin imaginar que hay algo detrás. Cuando obtuve el título sentí que los últimos meses habían sido como estas viñetas de Anacleto en el desierto y que, dándome un título, me habían dado poco más que un folio en blanco en la vida:

Así que, a la tensa pregunta del: y después… ¿qué vas a hacer?  Pues lo más bonito y lo más jodido a la vez. Lo que nos va a llevar más desvelos que la propia carrera: vivir.  Sin escaletas, ni guion, ni argumento pre-establecido. Tan solo vivir porque en eso consiste la vida, y a ser posible, de lo que ha sido mi vocación todo este tiempo:la ciencia. Porque puestos a ser pobres, a ver si vamos a serlo hasta para pedir 😉

“Si enseñamos a los estudiantes de hoy como enseñamos ayer, les estamos robando el mañana”.

Cita de John Dewey

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¿Únicos? Dónde reside nuestra identidad.

Todos somos únicos. O eso dicen. Especiales. O eso nos gusta que nos hagan sentir. Todos somos irrepetibles. O eso nos cuenta la vida, las experiencias, las cosas con las que nos quedamos y las que vamos dejando atrás, las que guardamos. Todos somos únicos; sí. Porque así nos ha hecho el día a día y si volviéramos atrás, si tiráramos de otro hilo, si escogiéramos otra decisión, ya no seríamos los que somos ahora. Curioso ¿no?

Una vez conocí a unas gemelas. Gemelas, que no mellizas. Idénticas. Dos gotas de agua. Se podría decir que una era la imagen especular de la otra. Yo nunca supe quién era una y quién era la otra hasta que un día me “hicieron un favor”: se tiñeron el pelo. Una de rubio y otra de pelirrojo. “Así, sí —me dije en mi fuero interno. Siempre les agradecí aquel cambio de look.

Los padres sí que saben quién es quién, por supuesto. Supongo que los gestos, la forma de hablar, las expresiones, nos delatan. Un comportamiento distinto debido a una personalidad diferente. Y es que cada uno de nosotros tiene una identidad única pero, ¿a qué se debe? A los genes, al ambiente y a la educación, pero en el caso de unos gemelos con los mismos padres y la misma cultura, si son idénticos genéticamente ¿por qué tienen una forma de ser tan distinta? ¿Dónde reside nuestra identidad?

Hay muchos factores que intervienen a la hora de modular la actividad de los genes. Así pues, personas que están emparentadas o son gemelos idénticos pueden mostrar diferencias. Uno de los factores implicados es el proceso de corte y empalme alternativo o más conocido como splicing.

El dogma de la biología dice que, a partir de un gen se codifica una proteína.

Imagen extraída de:  conacyt.gob.mx

Imagen extraída de: conacyt.gob.mx

Un fragmento de ADN se transcribe a ARNm (mensajero) y éste se traducirá a su vez en una proteína funcional. En este proceso llamado traducción, se eliminan los intrones y se mantienen los exones. De esta forma se consigue el ARN maduro para que a partir de él podamos obtener una proteína. Podríamos decir que el ARN mensajero se pule. Ahora bien, no siempre todos los intrones se eliminan. Algunos sí y otros no, de forma que, a partir de un ARN mensajero (que es a su vez conseguido de un fragmento de ADN) podemos obtener muchas más proteínas funcionales, no sólo una. Dicho de otro modo. Imaginemos que tenemos la siguiente frase donde los fragmentos en naranja serían intrones y los coloreados en azul, exones:

Ya no veo esta serie.

Imaginemos que podemos quitar complementos (o fragmentos) a esta oración de forma que, a partir de las mismas palabras, obtenemos un significado distinto.

No veo esta serie.

Veo esta serie.

Como podéis ver en el primer caso, la frase indica que el sujeto veía la serie pero, por algún motivo, dejó de verla. En el segundo, podemos intuir que el sujeto nunca vio la serie y no tiene interés en verla. Y en el tercero, podemos saber que, por el contrario, sí sigue la serie e incluso lo hará con asiduidad. Como veis, de una frase a otra cambia completamente el significado y lo único que se ha hecho es eliminar una palabra. Del mismo modo, si a un fragmento de ARN lo cortamos y pegamos de forma alternativa, la función de la proteína puede variar considerablemente. Tal y como se muestra en el vídeo, en el caso de arriba obtenemos una proteína que dará lugar a la muerte celular y en el supuesto de abajo, dará lugar a una función completamente contraria a la de arriba.

También cabe destacar las modificaciones que pueden sufrir los genes que alteran su actividad, como por ejemplo, aumentar la síntesis de proteínas sin que haya cambios en el ADN. Lo que se conoce como epigenética.

Así pues, los gemelos, pese a tener la misma información genética, ésta puede expresarse de forma distinta y dar lugar a diferencias entre ellos. Volviendo al ejemplo lingüístico, no es lo mismo leer una frase con una entonación que con otra. La información que recibimos es distinta pese a que las palabras sean iguales.

Todos estos procesos de modulación genética explicarían por qué un hermano gemelo puede desarrollar una enfermedad como esquizofrenia o cáncer, sin que su hermano idéntico la padezca. Pero, en cuanto a la personalidad ¿se debe sólo a esto? Cabe decir que, en cuanto a la identidad, interviene también otro factor: los transposones. ¿Y qué es un transposon y qué sentido tienen estos elementos?

Los transposones son elementos genéticos que se copia a sí mismos e insertan esa copia otro lugar del genoma. Esto ocurre en todas las especies y en las células humanas pero sobre todo, se ha visto que en el cerebro, se da este proceso con más asiduidad. El papel de estos elementos móviles adquiere más protagonismo durante el desarrollo del cerebro, cuando se está dando la generación de neuronas. En adultos, los transposones también tienen cierta actividad, tanto en células germinales como en el resto de células del organismo y en el cerebro, en zonas donde continúa dándose la neurogénesis. Esto marcaría las diferencias en los cerebros de los seres humanos, además de generar dos gemelos no idénticos.

Contestemos ahora a la pregunta de qué sentido tiene. Estos elementos que saltan en el genoma y lo hacen en el cerebro ¿por qué podrían existir? El sistema nervioso es muy complejo e intrincado, el hecho de que un fragmento de ADN pueda copiarse y pegarse en otro lugar puede suponer que un gen no se codifique y no dé lugar a una proteína funcional. Si algo funciona bien, como es el caso del cerebro de una persona sana, ¿por qué cambiarlo? Parece que las investigaciones sobre este campo apuntan a que situaciones novedosas pueden desencadenar la actividad de estos elementos. Así pues, puede que los transposones nos hayan ayudado a ir adaptándonos a un entorno cambiante. Puede que hayan tenido un rol importante en cuanto a procesamiento de información del entorno y adaptación del medio.

Volviendo al tema de los gemelos idénticos, ya sabemos que burocráticamente no lo son. Su huella dactilar es distinta y esto hace distinto su DNI. Ahora también sabemos por qué no lo son biológicamente y por ende, en su huella.

Esta entrada participa en la XXXVI Edición del Carnaval de Química Edición Kr, cuya anfitriona es @t_martinezii en su blog Café de ciencia.

Este post participa en la XXXI Edición del Carnaval de Biología que acoge Retales de Ciencia.

“Sabemos lo que somos, pero aún no sabemos lo que podemos llegar a ser”.

Cita de William Shakespeare.

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Un post distinto.

La vida puede ser muy mundana, muy trivial. He preferido utilizar esta sección para escribiros entradas que tengan que ver con un poco de lo que soy, un poco de lo que quiero transmitir. De los blogs se aprende, se conoce, se escribe, se habla, se difunde. De esta sección pretendo que os diga algo de la persona que hay detrás de las líneas que escribo, detrás de las líneas que en este apartado pretendo compartir.

Hace ya unos cuantos días nombraron este blog para el premio “best blog”. Muchos os preguntaréis de qué va esto pero primero, quería agradecerle a Paula y a su blog un café con Paula el hecho de pensar en mí y en este pequeño espacio en la red, además de leerme. Adelantaros también que, un café con Paula es un blog ameno, con posts muy variados donde podéis encontrar moda, historia, gastronomía y lugares que ya tengo apuntados en la agenda y que es una de las cosas que, personalmente, más me engancha de un blog.

El premio del que os hablaba al comienzo es un cadena donde se nombran 11 blogs que te han gustado, marcado, sigues habitualmente o las tres cosas a la vez. Estos once blogs deben tener menos de 200 seguidores por lo que se premia y se da a conocer a personas que se están iniciando en el mundo blogger. Cuando se nombra a un blog y su creador/a, éste debe tener en cuenta las siguientes premisas:

– Nombrar y agradecer al blog que te concedió el premio.

-Responder al cuestionario y dejar uno nuevo.

-Nominar a otros 11 blogs de reciente creación o con menos de 200 seguidores.

-Visitar el resto de blogs nominados.

-Contar 11 cosas sobre ti.

-Informar a todos los blogs del premio que has otorgado.

BestBlogAward

Así pues, yo responderé al cuestionario que ha dejado Paula. Allá voy:

1.¿Cuál sería tu mejor compañía para un café?

Pregunta fácil y difícil a la vez. Una persona con la que me gustaría compartir un café si pudiera, sería con mi abuelo paterno. Aunque no le pude conocer, creo que tendría muchas cosas que contarme acerca de la escuela de la vida y yo muchas cosas que escuchar de él.

2. ¿Cuál es tu hobbie preferido?

Leer. Sin duda. Aunque le sigue muy de cerca escribir.

3.Un lugar donde perderte sería….

El mar. Me encantaría tener la oportunidad de navegar. Donde no me importaría volver a hacerlo: las Highlands en Escocia.

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4. ¿Qué te aporta ser blogger?

Compartir ciencia. Compartir lugares, experiencias. Conocer gente.

5. ¿Cómo descubriste un café con Paula?

A través del blog de Lorena, upciencia.

6. ¿Hace cuánto creaste el blog?

Hace tres meses.

7. ¿Cuál es tu red social favorita?

Twitter. Me encanta el ingenio de la gente. Cómo se aprovechan ciento cuarenta caracteres para dar una información, escribir algo ingenioso o compartir lo que te gusta.

8. ¿A través de qué medios te sueles poner al día? Televisión, periódicos, blogs, Internet…

A través de periódicos que leo on-line mientras desayuno.

9. Mascotas ¿sí o no?

Sí. Una perra (labrador), un hámster y tengo pendiente un acuario.

  1. ¿Gym, running o ninguna de las dos?

😀 Me gustarían ambos. Antes sí que hacía deporte. Ahora hace una temporada larga que no y la verdad es que se echa de menos.  A veces salía a correr sólo por vaciar la mente. Era una forma de desconectar.

11. ¿Qué soñabas con ser de pequeño?

Más que soñar con ser, quería vivir cien años.  Solía preguntar a mi madre qué había que hacer para llegar a los cien.

Una vez contestado os propongo el mío:

  1. ¿A qué llamarías “tu momento”?
  2. ¿Por qué empezaste un blog?
  3. Un lugar al que te gustaría ir y uno al que te gustaría volver.
  4. ¿Cuál es tu trabajo soñado?
  5. Algo de lo que te sientas orgulloso/a.
  6. Defínete en tres palabras.
  7. ¿Mar o montaña?
  8. Si pudieras elegir un sitio donde vivir ¿cuál sería?
  9. Un hobbie.
  10. Qué te aporta ese hobbie.
  11. Una persona con la que te tomarías un café. (Y aquí te parafraseo Paula ;))

Y siguiendo con la dinámica del premio os dejo once cosas sobre mí:

               I.     Me encanta el humor: reír y hacer reír.

             II.     Mi momento favorito del día es el amanecer.

           III.     No me gustan las chucherías.

           IV.     Soy alérgica a los metales.

             V.     Desconecto de una jornada laboral creando. Antes salía a correr.

           VI.     Me gusta pasar desapercibida.

         VII.     Prefiero el dulce al salado.

       VIII.     Me aburre ir de compras.

           IX.     Un destino con el que sueño es Nueva Zelanda y Tahití.

             X.     El despacho es mi parte favorita de una casa.

             XI.     Pub antes que discoteca.

Y nada más. Nominar los blogs que para mí son “best blogs”. Si os digo la verdad, no sé si llegarán a once (aquí me salto un poco la cadena). Simplemente hago la lista de blogs que me han cautivado por un motivo u otro. Sé que no nombro a todos los que leo o he leído alguna vez. En la lista destaco los que suelo seguir de forma habitual:

o    Upciencia

o   El blog de un bioquímico

o   moles de química

o   Un café con Paula

o   Ciencia para todos

o   Investigar en tiempos revueltos

o   Oh my mother mine DIY

o   Vida después de la droga

o   Ricart Rafecas

 

        “En la máquina social hay que ser motor, no rueda, personalidad, no       persona.”     

 Cita de Santiago Ramón y Cajal.

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Contribuciones a la Edición XXXVI del Carnaval de Química.

 

Explorar, divulgar, aprender y hacerlo también de otros. El Carnaval es la excusa para impulsar un poquito de la ciencia, un poquito de la química.

Aquí tenéis las sucesivas aportaciones que van llegando:

1. En primer lugar y abriendo esta Edición, una tabla periódica distinta, una tabla periódica matemática:Una tabla periódica con teoremas y genios de las matemáticas. De Marta Macho Stadler.

2. Daniel Durantes nos habla de los tres grandes dominios en los que clasificaríamos a los seres vivos pero, ¿y los virus? ¿Deberían formar parte de otro dominio? Los dominios de la vida: ¿Donde caben tres caben cuatro?

3. ¿Conoces a Phillip Allen Sharp? Aquí tenéis un pequeño extracto de la mano de Marta Macho Stadler: Phillip Allen Sharp

4. ¿En qué consiste la química verde y cómo y para qué se obtienen los líquidos iónicos?: Cachitos de bromo sin hierro

5. Adolf Otto Reinhold, Premio Nobel de Química en 1928 en una entrada que nos acerca a su trabajo: Adolf Otto Reinhold Windaus y las vitaminas

6. Marta Macho Stadler nos cuenta la química de un lago canadiense muy peculiar: El lago con manchas

7. ¿Qué tienen en común las salamandras de Naruto con las de la naturaleza? Nos lo cuenta Carlos Lobato en su aportación: Naruto, las salamandras y la samandarina

8. Nueva contribución y nuevo post de Marta Macho Stadler. Esta vez con: Fritz Albert Lipmann y la coenzima A

9. ¿Sabéis quién descubrió el wolframio?: Juan José Delhuyar y Lubice

10. La décima participación llega de Daniel Torregrosa con una interesantísima recopilación La verdad sobre el monóxido de dihidrógeno (Recopilación)

11. A veces los grandes descubrimientos aparecen en los laboratorios más pequeños, como es el caso del descubrimiento del platino. #sinciencianohayfuturo  conquistadores, platino e investigación

12. Con la duodécima: Lloyd Augustus Hall y la conservación de los alimentos

13. Una nueva aportación con un nuevo gran personaje: Stephanie Kwolek, la madre del Kevlar

14. Marta Macho nos vuelve a sorprender con otra tabla periódica diferente: Una tabla periódica de elementos ficticios

15. Héctor Busto nos deja un fantástico artículo de muy recomendable lectura: Homeopatía: la Ciencia no se puede diluir.

16. Mi propia aportación al Carnaval: ¿Únicos? Dónde reside nuestra identidad.

17. Hablando de Mundiales y de fútbol y de ciencia. Aquí tenéis la contribución que nos hace Alexis Hidrobo: El mundo en una pelota… y su ciencia

18. Si tenéis un rato echadle un ojo a este documental sobre la historia de la electricidad:La historia de la electricidad [documental]

19. ¿Sabíais que el tabaco contiene cadmio? En este post se nos explica:Otra razón para dejar de fumar: el cadmio.

20. Gran entrada de Manuel Sánchez: Curiosidades de la Microbiología

21. Y por último y cerrando esta Edición del Carnaval, tenemos la contribución de Jesús Garoz que participó en una mesa redonda y de la que nos llega la entrevista que le hicieron para el diario de Burgos: Mesa Redonda: “El Oficio de Investigar, con el futuro”.

A algunos hombres los disfraces no los disfrazan, sino los revelan. Cada uno se disfraza de aquello que es por dentro.”
Cita de Gilbert Keith Chesterton

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XXXVI Edición del Carnaval de Química.

Puede ser difícil describir la nobleza. Puede estar en los hechos, en el pensamiento, en las acciones que engrandecen al que las lleva a cabo. Puede estar en muchas cosas, se puede discutir mucho acerca de ello. De lo que no discutiré será acerca del papel que la riqueza pueda jugar en esto, acerca del tener más o del tener menos. En mi humilde opinión, esto es sólo un mero adorno. Si tuviera que definir la nobleza no elegiría un estatus, sino un espíritu, una forma de vida. Si tuviera que definirla…

Cuando empecé a estudiar física y química, recuerdo que me definieron los gases nobles como átomos felices porque su último orbital lo tenían completo. Me contaron que, estos  elementos interaccionaban muy poco con otros porque ya tienen lo que el resto de sus compañeros de la tabla periódica quieren: ocho electrones en su última capa. Sé que es una definición simplista y quizá un tanto burda pero, en ese momento, sirvió para comprender un poco  al grupo ocho de la tabla periódica de los elementos.

¿Y por qué digo esto? Porque este mes se aloja en este blog la XXXVI Edición del Carnaval de Química, y en este caso, el elemento que hace los honores es un gas noble, el Kriptón. Antes de deciros de qué va esto del Carnaval, me gustaría hablaros un poco del elemento en cuestión. No os mentiré y os diré que yo no conocía mucho los usos que tiene en nuestra vida cotidiana y, aunque suene un poco triste, asociaba el nombre de Kriptón de forma intrínseca a Superman —fue una forma de recordarlo cuando estudiaba la tabla—. Sin embargo, una vez me puse a investigar sobre él, me di cuenta que lo tenía más cerca de lo que creía.

Hace poco publiqué en mi tuiter una imagen de una lámpara de lava. Como intuiréis soy muy fan de ese tipo de cosas y más si tienen que ver con la ciencia. Las lámparas de plasma contienen  una mezcla de gases como neón, kriptón y argón a menor  presión que la atmosférica. La bola que vemos en el centro actúa como un electrodo. Cuando encendemos la lámpara se aplica a estos gases una corriente de alta frecuencia que excita a los electrones de los gases del interior. Esto da lugar esa energía que, como pequeños rayos, se distribuyen de forma homogénea por toda la bola. ¿Qué ocurre cuando ponemos el dedo o la mano? Pues que alteramos el campo que se ha establecido en el interior. Nuestra mano actúa como un conductor.

A parte de este apunte sobre el Kriptón, decir que también se utiliza en iluminación de tubos fluorescentes, en resonancia magnética, láseres, aislamiento de ventanas, etc.

Y ahora que ya os he contado algo sobre este elemento: ¿de qué va esto del Carnaval? Pues sinceramente, para mí es una forma de conocer la ciencia y en especial la química, a través del mundo blogger. Desde que conocí la oportunidad de participar en este tipo de iniciativas he aprendido muchas cosas del mundo químico. Así pues, no tengo otro pretexto para animaros a participar: compartir ciencia, compartir lo que tanto me apasiona y seguro que os apasiona también a vosotros. Deciros, además, que contribuir al Carnaval se hace de forma libre y no remunerada, que podéis participar de muchas formas, siempre y cuando tengan que ver con la química: con entrevistas, imágenes, relatos, fotografías, posts, etc. Las contribuciones pueden ser propias y en caso contrario, se citará al autor. No tenéis por qué tener blog propio. Para participar sólo tenéis que indicar lo siguiente en vuestra contribución, adjuntando esta imagen:

 

Este post participa en la Edición XXXVI (Edición del Kriptón) del  Carnaval de Química, cuya anfitriona es Toñi Martínez (@t_martinezii) en su blog cafedeciencia 

Además, avisad a través de las siguientes vías:

– Dejando un comentario en esta entrada.

– Vía tuiter a través de @CarnavalQuimica  y/o @t_martinezii

– Vía Facebook: Grupo Carnaval Química.

Dejaros también todos los anfitriones que han ido teniendo las Ediciones del Carnaval.

I.Daniel Torregrosa  en Ese punto azul pálido
II. Cendrero en El busto de Palas.
III.César Tomé López en Experientia Docet
IV. José Miguel Mulet en Los productos naturales ¡vaya timo!
V. José Manuel López Nicolás en Scientia
VI.Patricia Rodríguez en Una investigadora en apuros
VII.Quique Royuela en Eroyuelas blog.
VIII. Marisa Alonso Núñez en Caja de Ciencia
IX.Rubén Lijó en Hablando de Ciencia
X. David Castro en Biounalm
XI. David Martín Reina en La Aventura De La Ciencia
XII. Maria Docavo en Historias con mucha química (como todas)
XIII. David Martín Yerga en Curiosidades de un Químico soñador
XIV. Bernardo Herradón García en Educación Química
XV. Luis Moreno Martínez en El Cuaderno de Calpurnia Tate.
XVI.Dr. Litos en ¡Jindetrés, sal!
XVII. Nahum Chazarra en Un geólogo en apuros
XVIII. Vilvoh en XdCiencia
XIX.Óscar Huertas Rosales en Leet me explain
XX. Rosa Porcel en La Ciencia de Amara
XXI. Dolores Bueno López en Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión
XXII. Ismael Díaz en Roskiencia
XXIII. Luis Reig y Jorge Alemany en moles y bits
XXIV. José M. Morales en El zombi de Schrödinger
XXV. Instituto de Síntesis Química y Catálisis Homogénea- CSIC en Moléculas en reacción.
XXVI. Luis Moreno Martínez en El cuaderno de Calpurnia Tate
XXVII. Bernardo Herradón García en Educación Química.
XXVIII. Ramon And en Flagellum. Impulsando la comprensión de la ciencia.
XXIX. Héctor Busto en Más Ciencia, por favor
XXX. Javier San Martín e Izaskun Lekuona en Activa tu neurona.
XXXI. Marta Macho Stadler en ZTFNews.
XXXII. Deborah García Bello en Dimetilsulfuro.
XXXIII. Justo Giner en La Química en el siglo XXI..
XXXIV. Jesús Garoz Ruiz en Moles de química.
XXXV. Ángel Rodríguez en Ciencia para todos

Tenéis desde el 1 de junio hasta el 30 de este mismo mes para dejar vuestras aportaciones. A lo largo de este mes podréis ir visitando las distintas colaboraciones que vayáis haciendo y que irán divulgándose a través de las redes. A final de mes haré un acto de clausura. Y nada más. Decir, como apunte, que los gases nobles se les conoce por este nombre porque, cuando se descubrieron, su poca reactividad se asociaba a la poca interactuación de las clases nobles y la aristocracia, con el resto de clases sociales. Personalmente, prefiero quedarme con el concepto de que son elementos felices, porque tienen ocho electrones en su orbital más externo.

    “Las manos que ayudan son más nobles que los labios que rezan.”  

Cita de Robert G. Ingersoll

 
 
 
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La percepción del sabor.

A veces me pregunto qué pasaría si perdiéramos el sentido del gusto. Ya no sólo por la comida sino por el resto de cosas que hacemos y que nos sentimos mejor haciendo. Si fuéramos personas sin gusto podríamos comer cosas que nos harían morir. Si fuéramos seres incapaces de sentir placer por las cosas, seríamos autómatas. Parece que al gusto le debamos muchas cosas, ya no sólo ser capaces de saborear un plato sino el hecho de poder paladear la vida.

Quería empezar la entrada con un sencillo experimento. Lo podéis hacer en casa y sólo necesitáis de otra persona. Consiste en lo siguiente: pedir a alguien que cierre los ojos, abra la boca y se tape la nariz con los dos dedos de forma que no pueda oler a nada. Ahora vosotros podéis coger el trozo de un alimento, cebolla, ajo, una trozo de galleta, pan… lo que queráis —no seáis muy malos ;)— y le pedís que os diga qué le habéis puesto en la boca (no puede paladear, sólo tenéis que ponérselo). Quizá os sorprenda su respuesta: no lo sabe, por muy fuerte que sea el sabor de lo que hayáis escogido. Ahora pedirle que destape su nariz: automáticamente os dirá qué tiene en la boca. ¿Y esto, por qué ocurre? ¿Si no olemos un alimento no podemos saber a qué sabe? ¿y qué hay de la lengua? En el siguiente post quería explicar cómo funciona la percepción de los sabores. Porque el sabor no depende, exclusivamente, del gusto. Vayamos por partes.

Podemos apreciar el sabor de la comida gracias a las papilas gustativas (esos pequeños puntos rojos que podemos distinguir a simple vista en la lengua). Existen distintos tipos: las fungiformes, que se localizan en la parte anterior y punta de la lengua, las filiformes en la parte central, las foliadas en los lados  y las circunvaladas en la parte posterior de la lengua. Fuera de lo que se cree comúnmente, no sólo estas células se sitúan por toda la lengua, también se pueden encontrar en el paladar, epiglotis y en la parte alta de la faringe. Una papila agrupa a cientos de botones gustativos que son los receptores del gusto, en este caso, quimiorreceptores. El botón gustativo presenta una parte basal y una parte apical, que es por donde las moléculas producen el estímulo.

Cuando masticamos un alimento, la saliva contribuye a la degradación del mismo. Las moléculas llegan a los botones gustativos repartidos por la lengua y la cavidad bucal y percibimos lo que conocemos como sabor pero, ¿cómo se producen estos estímulos?

Podemos percibir seis sabores: dulce, salado, ácido, amargo, umami y el adiposoTodos estos quimiorreceptores, al contrario de lo que se ha creído siempre, se distribuyen por toda la lengua. Umami proviene del japonés y significa “sabor gustoso”. Este sabor se encuentra en la carne, algunos mariscos y algunos quesos. En cuanto al adiposo tal y como se intuye de su nombre, percibe los estímulos grasos. Además, estos receptores pueden percibir otros sabores —a excepción del adiposo que responde sólo a las grasas—, es decir, los receptores para el dulce pueden responder también para el salado o el ácido pero, principalmente, lo harán para el sabor dulce.

Extraída de Swiegers et al(2005). Olfaction and taste… Aus J Grape Wine Res, 11(2), 109–113.

Extraída de Swiegers et al(2005). Olfaction and taste… Aus J Grape Wine Res, 11(2), 109–113.

¿Cómo se producen estas sensaciones en la boca? La percepción del sabor salado es debida a que las sales se disocian en saliva dando lugar al anión cloro y al catión sodio. Los botones específicos para este sabor, presentan en su membrana canales para el catión sodio abiertos permanentemente, por lo que el ion entra en la célula. Al entrar cargas positivas se produce una despolarización de la membrana que provoca la apertura de canales de calcio en la zona basal del botón. La entrada de éste incita la fusión de glándulas que liberan el neurotransmisor que activa a las fibras sensoriales de la zona basal y propaga el estímulo.

sabor salado

 

No os voy a contar todos los sabores, decir que operan de forma similar. El sabor ácido se percibe por un aumento en la concentración de cationes de hidrógeno o ácidos débiles. Este incremento produce la transducción en los botones sensibles a este sabor. El sabor dulce opera a través de un receptor acoplado a una proteína G y responde a distintas moléculas.

acidodulce

En el caso del umami, el receptor, también acoplado a proteína G, responde a aminoácidos. Finalmente, los receptores para el sabor amargo se estimulan por la presencia de alcaloides.

amargo

Toda esta información viaja al cerebro a través del nervio facial (la parte anterior de la lengua), el nervio glosofaríngeo (parte posterior de la lengua) y nervio vago (zona de la epiglotis). Estos nervios tienen proyecciones hacia el bulbo y de ahí al tálamo. A partir de aquí, la información viaja hasta la corteza gustativa. Desde esta corteza hay proyecciones hacia la amígdala, por lo que implica que algunas sustancias nos produzcan sensaciones, ya sean placenteras cuando degustamos algo o nos provoquen, por el contrario, animadversión.

Imagen extraída de www.uv.mx

Imagen extraída de http://www.uv.mx

En otro post comenté cómo participa la amígdala en los recuerdos buenos y malos, en nuestras emociones. Los sabores también nos traen recuerdos como los olores o los estímulos visuales. De hecho, seguro que recordamos algún plato del que no hemos olvidado su sabor o que nos transporta a otro momento de nuestra vida.

 

Ahora bien, os preguntaréis por qué la persona del principio del post debe tener los ojos cerrados y la nariz tapada. Si percibimos el gusto con la lengua y boca ¿qué tiene que ver el resto? Resulta que el gusto y el olfato están estrechamente relacionados. Si observamos sólo la anatomía de la cavidad bucal nos damos cuenta de una cosa: están comunicados. Antes de que nos echemos una cucharada a la boca de una sopa, por ejemplo, ya la estamos oliendo. Además, una vez en nuestra boca y con la saliva, el alimento desprende un aroma que nos llega hasta la cavidad nasal y que, junto con nuestra lengua nos ayuda a percibir completamente los sabores. Seguro que recordaréis que, cuando estamos resfriados o tenemos la nariz taponada, no degustamos igual las comidas. Las saboreamos, sí; pero no plenamente. Por ello, cuando el sujeto de nuestro pequeño experimento se destape la nariz, ya será capaz de decirnos qué tiene en la boca pese a que no lo haya visto.

Y por último ¿y los ojos? ¿cómo participa la vista en todo esto? Con la vista no degustamos ni mucho menos, pero podemos visualizar los alimentos y recordar a qué saben. Ni que decir tiene que no tiene gracia si la persona ya sabe qué se le va a introducir en la boca —que lo vea invalida el experimento— pero, aparte de esto, si visualizamos un alimento podemos decir a qué nos sabe aunque no lo tengamos en la boca. Tenemos memoria de este sabor porque ya lo hemos probado antes.

Finalmente, dejaros un restaurante que hace tiempo que descubrí y del que guardo un buen recuerdo. Se llama Mixtel·la. Está en Pau Claris, junto a Paseo de Gracia. Aparte de un ambiente agradable y una buena atención, se come muy bien. Yo recuerdo en especial la ensalada con jamón y melocotón y los canelones a la barcelonesa. Dejaros otro del que me enamoraron los postres y también está muy bien situado si después queréis tomaros alguna copa: se llama Divinus y está en Ronda Universitat. Porque comer, comemos con las manos pero también lo hacemos con los cinco sentidos.

“El gusto está hecho de mil repulsiones.”

Cita de Paul Valéry

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Este post participa en la Edición XXXV (Edición del Br) del Carnaval de Química, cuyo anfitrión es Ángel Rodríguez (@1797Angel)  en su blog ciencia para todos.

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La química de la curiosidad.

Es esa edad en la que nos tapamos los ojos para hacer que no estamos, taparnos la boca cuando mentimos, meternos tras un muro para dar un susto. Es esa infinita sinceridad la que nos hace decir las cosas como las sentimos, sin pensarlas, porque la prudencia se nos escapa. Sin esa curiosidad que nos hace ser niños, no podríamos seguir aprendiendo de mayores, porque sin haber sido niños, no podríamos llegar a ser los adultos que somos.

Todos los niños hemos atravesado la etapa de: “el porqué de las cosas”. Son esos años en la que nos volvemos pequeños científicos y analizamos el mundo de alrededor, en el que nos preguntamos acerca de todo lo que vemos y algunas veces, formulamos cuestiones de perogrullo. ¿Por qué el cielo es azul y no verde o naranja? ¿Por qué el agua del mar es salada y no dulce?¿podemos coger las nubes? Yo siempre he creído que en esos años, en esa infinita inocencia que vamos perdiendo conforme nos hacemos adultos, se esconden los días de más creatividad, de más ingenio, de más inquietud.

El otro día, a raíz la foto para el @CarnavalQuimica con el hashstag #ConQuimica  me paré a pensar en una cosa que siempre había estado ahí pero nunca había reparado en ella:

la foto

Me vino a la cabeza esas preguntas que nos hacemos de niños sobre el porqué de las cosas y en este caso fue: ¿por qué la llama es azul? Si enciendo una cerilla la llama es naranja o amarillenta pero en este caso, es completamente azul y sólo al final se torna de otro color. Seguro que muchos ya sabréis la respuesta pero yo, con mi ansia de recordar conceptos sobre la combustión, empecé a cuestionarme cómo sucede este proceso en un coche cuando encendemos un motor y por qué el agua no se recomienda para apagar determinados fuegos, como por ejemplo, si el material de combustión es gasolina. Pero antes de meterme con los tipos de combustión, me gustaría rescatar qué es el fuego y cómo puede originarse.

El fuego no es otra cosa que el resultado de una reacción de combustión en la que se desprende calor y luz y ésto último, es lo que vemos como una llama. Para que este proceso se dé, tienen que existir tres factores: combustible, oxígeno y calor. Estas tres premisas forman lo que se denomina el triángulo del fuego y sin uno de estos factores, no podría darse.

Imagen extraída de: www.monografias.com

Imagen extraída de: http://www.monografias.com

Pongamos el clásico ejemplo de la fricción de un palo de madera contra un tronco. La acción de fricción genera calor y hace que se desprendan gases que se combinan con el oxígeno del ambiente y, si el calor es suficiente, se produce la llama.  En cuanto al color de ésta, nos indica si la combustión se está realizando de forma completa o incompleta. Cuando se da el primer caso, el color de la llama es azul y libera más calor —como es el caso del gas natural—, en cambio, cuando es amarilla, la combustión se está realizando de forma incompleta por falta de oxígeno.  Cuando se da este tipo de combustión, se libera monóxido de carbono (CO). Todos sabemos que respirar este gas produce lo que se llama “la muerte dulce”,  ya que nos asfixiamos sin que nos estemos dando cuenta. Cuando manejamos estufas de gas es importante que haya una entrada de aire en el ambiente y que la llama sea de color azul.

Ahora bien, ¿por qué el agua apaga el fuego? El agua es uno de los mejores extintores que podemos tener a la hora de apagar un fuego. Cuando echamos un chorro de agua sobre un  material que está ardiendo, ésta absorbe el calor y pasa de estado líquido a estado gaseoso. Si no existe el calor suficiente, no puede darse la reacción de combustión, uno de los tres elementos claves del proceso faltaría, por lo que el fuego se apaga. Pero, entonces, si el agua es capaz de apagar el fuego ¿por qué no se recomienda cuando tratamos de apagar gasolina? En este caso, al igual que el aceite, la gasolina flota sobre el agua y se mantiene encendida. Uno de los métodos que se utiliza es por sofocación, cuando la superficie prendida es pequeña. De esta forma, se elimina el oxígeno y se evita que la combustión se siga alimentando.

Para muchos, el fuego fue el descubrimiento más importante de la humanidad. Aportó calor, que pudiéramos cocinar los alimentos y que consumiéramos más carne, con el consecuente aporte proteico extra. #ConQuímica pudimos llegar a ser lo que somos ahora.

Para terminar os dejo un vídeo sobre otra de las cosas que supuso un gran avance para la humanidad. Una gran idea que también transformó nuestra sociedad:

A veces me pregunto cómo tendría que ser descubrir algo así, desconocido para todos y el proceso de integración en sus vidas como algo más cotidiano. Me pregunto cómo tendría que ser una nueva idea y cómo esta nueva concepción de algo ha ido derrocando falsas creencias a lo largo de la historia de la ciencia, como por ejemplo, que la Tierra era redonda y no plana. Una de las cosas que siempre me gustó de la ciencia es el volver a ser niños, cuando creemos que todo es posible, cuando nuestras “trastadas” nos llevan a comprender la realidad en la que vivimos. Cuando, a lo largo de los años hasta alcanzar la edad adulta, las experiencias juegan el papel de experimentos del laboratorio, en el que desechamos los malos resultados y nos quedamos con los buenos. Antes jugábamos por conocer, por distraernos por formar equipo con otros niños, y esa curiosidad de preguntar los porqués, son la antesala de la curiosidad que siente un científico en comprender por qué las cosas son como son y no son de otra manera.

 “Educar a los hombres no es como llenar un vaso, es como encender un fuego”.

Cita de Aristófanes

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Este post participa en la Edición XXXIV (Edición del Sé) del Carnaval de Química, cuyo anfitrión es Jesús Garoz Ruíz (@JesusGarozRuiz) en su blog molesdequimica 

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El ascensor egoísta.

Se puede relativizar la velocidad. Se puede relativizar el tiempo. Tenemos prisa cuando pensamos que el mundo se mueve lento, cuando queremos hacer más de lo que podemos. Vamos despacio cuando saboreamos el tiempo, cuando lo metemos en un cóctel que, poco a poco, vamos sorbiendo. A veces se tiene prisa por empezar a moverse cuando se está quieto. A veces se tiene prisa por pararse y ver qué estamos haciendo.

Entre las ocho y las nueve parece que desfile una ciudad entera. Todo el mundo se mueve, antes con más prisa, ahora más despacio porque cada vez, quedan menos puestos de trabajo a los que llegar a tiempo. Cada vez los lunes son menos lunes; hay menos sueño.

Cuando utilizaba el metro para ir a trabajar, lo cogía con “dos metros de diferencia”, es decir, que podía perder dos metros y aún así, llegar a tiempo. Sin embargo, tenía prisa. No era por llegar, no era por padecer estrés, era por ganar tiempo. Cuando la distancia que separa tu lugar de trabajo de tu casa es larga, puedes caer en la sensación de “se me ha pasado el tiempo en el camino“. Por eso, quizá, la insistencia en acortar todo lo que podamos el tiempo en el que realizamos una tarea, en el que nos desplazamos. Sentirnos más productivos con nuestro día a día.

Cuento todo esto como antesala a comentaros cómo es la hora punta en los ascensores de un conocido transbordo del metro de Barcelona. Yo misma me he permitido la licencia de adjudicarle el apodo de: los ascensores de la discordia. Como intuiréis, están pensados para los carricoches y las personas con movilidad reducida —en principio—. Sin embargo, nuestras ansias por ganar tiempo lo han transformado en un atajo. No es extraño ver a gente agolparse en la punta de un metro para salir, en cuanto abren las puertas, lo más rápido que puedan y sortear a la gente con la que se cruzan para llegar los primeros a ese ascensor. Como tampoco es raro ver personas que se cuelan delante de un coche de bebé que está robando su legítimo espacio. Y más de una vez he presenciado bufidos y resoplidos, amén de comentarios malintencionados cuando algún rezagado/a ha subido a última hora y ha atrasado el cierre de puertas automático. Aquí no tiraré balones fuera y confesaré que, en alguna ocasión, he dirigido una mirada asesina a esa persona que me ha hecho perder dos minutos de mi vida —sí, es cierto. Hasta yo a veces me sorprendo—.

Cuando presenciaba cada mañana esas rencillas por un simple ascensor, me preguntaba si de verdad nos quedaba algo de humanidad, si no somos demasiado individualistas, fruto de un capitalismo exacerbado, donde cada vez es más importante tener más y mirar al que está por encima de nosotros y no por debajo. Si bien es cierto que, para sobrevivir, tenemos que competir por los mismos recursos que nuestros paisanos, y esa competitividad puede ser la causa de nuestro egoísmo innato. Sin embargo, en contraposición con ese egoísmo, encontramos múltiples muestras de altruismo, esos gestos de cooperación que se dan gratuitamente. Pero, ¿por qué cooperamos? ¿Es el altruismo contraproducente a nuestro sentido de supervivencia?

Existen teorías que avalan que el altruismo se encuentra en la cantidad de genes que se comparten. Así pues, con un hermano compartimos un cuarto de nuestro material genético, un octavo con nuestros primos y con nuestros padres la mitad. Esto explicaría, por ejemplo, le prestaríamos antes dinero a un hermano que a un vecino por muy buena que fuera nuestra relación. Sin embargo, existen actos de ayuda a la comunidad, a nuestra sociedad en su conjunto. De hecho, el altruismo es innato en nosotros. Estudios con niños de un año y medio que todavía no han adquirido un lenguaje, muestran que nuestra capacidad de prestar esa ayuda, ya se manifiesta. Del mismo modo, en los chimpancés  también ocurre:

 

 A partir de los tres años seríamos capaces de discernir a quién le vamos a ayudar, que normalmente, suele ser a personas que previamente han sido generosas con nosotros. Al parecer, sin ese altruismo no hubiera surgido la simbiosis ni el mutualismo, no tendríamos esa capacidad cooperativa de relacionarnos entre especies, de comunicarnos y en humanos, que esto se haga a través de un lenguaje que nos permita este acercamiento, esa capacidad de crear pensamientos en conjunto y construir una cultura. El altruismo nos ha hecho poder superar, en conjunto, dificultades. Lo que se conoce como: que un individuo se sacrifique por la supervivencia del grupo. Sin el altruismo quizá, nuestra especie no podría haber constituido una sociedad y el ser humano viviría solo.

Volviendo al tema de la lucha por hacernos un hueco en el ascensor, una vez, coincidí en ese transbordo con una señora con la que, no sé muy bien por qué, empecé a hablar. No sé quién empezó primero la conversación pero el caso es que, me vio con un currículum en la mano y empezamos a hablar de la ardua tarea de búsqueda de empleo. Me dio varias tarjetas con direcciones de negocios donde necesitaban a alguien e hicimos un repaso de los portales de empleo en Internet, por si me faltaba alguno al que inscribirme. Me dijo que tenía dos hijos jóvenes (de más o menos mi edad) y empecé a pensar que lo hacía por pura empatía hacia la situación de desempleo que tenemos hoy en día. Esa mañana yo venía de una entrevista de trabajo y recuerdo que, cuando llegué a casa pensé: “no sé si me habrán cogido de esta empresa pero, lo que sí tengo por seguro, es que todavía queda humanidad en el mundo. A veces, la crisis saca lo mejor de nosotros.”

Descubrir la energía interior y entregarla para renovar el mundo; he aquí el altruismo.

Cita de Rafael Barrett

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Conducir nunca se olvida.

Los recuerdos nos dicen quién somos, de dónde venimos, quiénes son las personas que nos rodean. Aprendemos lo que nos gusta, evitamos lo que nos disgusta. El aprendizaje se inicia desde que tenemos memoria hasta nuestros últimos días.  Almacenamos numerosos datos, cifras, fórmulas, nombres, y olvidamos otras cosas de un plumazo. La memoria nos permite evocar buenos momentos. La memoria…

Conducir nunca se olvida o eso dicen. Podemos ser más torpes cuando llevamos tiempo sin coger el coche y somos conductores noveles. Sin embargo, cuando conduces durante años, puedes pasar sin tocar un volante durante meses, que seguirás conduciendo igual como lo hacías antes. Montar en bici tampoco se olvida o nadar. Por el contrario, somos incapaces de recordar qué comimos la semana pasada, o quizá no se nos dé muy bien recordar nombres. Sin embargo, seguro que recordamos qué estábamos haciendo el 11-M cuando supimos de los atentados, o si le preguntamos a nuestros padres, seguro que recordarán cómo fue el día o la noche en que se comprometieron.

A lo largo de la vida, se almacenan en la memoria datos, recuerdos, música, olores y se olvidan otros. Evocar lo que hemos guardado nos aporta el recuerdo de ese estímulo pero, ¿por qué podemos recordar algunas cosas y otras caen en el olvido?

Existen dos tipos de memoria, la memoria a corto plazo —cuando nos presentan a alguien en una discoteca :P—, y la memoria a largo plazo en la que se basa el aprendizaje. Ahora bien, dentro de ésta última, podemos clasificar la memoria como explícita — la autobiográfica o lo que aprendemos estudiando— y la implícita, lo que aprendemos de forma inconsciente por repetición —capacidades motoras—. Pero, ¿qué es lo que hace que una memoria a corto plazo pase a ser a largo plazo? Por facilitación pero, si vamos un poco más allá ¿cómo saben las neuronas qué estímulo nos interesa guardar y en qué consiste dicha facilitación?

En primer lugar rescataré dos conceptos para poder comprender cómo se produce el proceso: qué es un potencial de acción y en qué consiste una sinapsis.

En las neuronas existe una diferencia de potencial entre el medio externo y el medio interno. Cuando la neurona propaga un estímulo eléctrico se produce una despolarización en su membrana, es decir, se abren canales de sodio y potasio y se produce un intercambio de estos elementos, con lo que se origina un cambio en el gradiente iónico. El estímulo eléctrico se propaga “a saltos”, ya que viaja de nódulo de Ranvier a nódulo de Ranvier hasta el axón de la neurona. Una vez llega al terminal pre-sináptico, se abren canales de calcio que son sensibles al estímulo eléctrico (voltaje), al incrementarse los niveles de calcio en el interior celular, las vesículas cargadas de neurotransmisores se fusionan con la membrana de la neurona y descargan su contenido. Cuando el neurotransmisor llega al receptor de membrana de la otra neurona (terminal post-sináptica) se produce la apertura de canales iónicos que hacen que la neurona se despolarice. Para ilustrar esto mejor, podéis echar un vistazo a este vídeo:

 

¿Qué ocurre entonces en la memoria? La memoria a corto plazo se forma por estímulos intermitentes entre neuronas que refuerzan las sinapsis durante un breve periodo de tiempo. Cuando varias neuronas se activan a la vez y refuerzan estos estímulos, se produce un potencial de acción que despolariza la membrana, induce la entrada de un torrente de iones y neurotransmisores en la siguiente neurona que pone en marcha distintas reacciones químicas que desembocan en la activación de un factor de transcripción en el núcleo celular (CREB). Éste, activa a su vez a un gen que codificará para proteínas reforzadoras de la memoria. Las proteínas difundirán por todo el soma celular y reforzarán aquellas sinapsis que previamente han sido estimuladas. De este modo, se forma la memoria a largo plazo.

Imagen extraída de physrev.physiology.org

Imagen extraída de physrev.physiology.org

El factor CREB está activado durante un periodo de tiempo, esto explicaría por qué podemos retener datos durante clases en el colegio o en la universidad. La memoria explícita se almacena siguiendo una cascada de reacciones químicas distinta a la que sigue la memoria implícita.

¿Ahora bien, por qué recordamos entonces un estímulo con carga emocional si simplemente se ha dado de forma breve en el tiempo? Los estímulos positivos se recuerdan como una ventaja adaptativa, así como los estímulos negativos. Si recordamos aquello que nos fue desagradable o agresivo, la próxima vez que nos encontremos con la misma situación, conoceremos cómo reaccionar ante esa adversidad. Del mismo modo y como decía al principio, los estímulos asociados a emociones que nos producen placer, si se recuerdan, podemos conocer qué nos hace sentir bien.

El sistema límbico es la región de nuestro cerebro implicada en las emociones, entre las estructuras que lo conforman me centraré en la amígdala. Ésta, cuando recibimos un estímulo con carga emocional, por ejemplo, cuando recibimos la noticia de que nos hemos licenciado, libera neurotransmisores a las distintas proyecciones que tiene hacia el hipocampo. El hipocampo actúa como una “estación de paso” entre la memoria a corto plazo y la memoria a largo plazo, es decir, que si esta región del cerebro la tuviéramos afectada, seríamos incapaces de generar recuerdos a largo plazo. Nos presentarían por ejemplo a una persona nueva y al día siguiente, seríamos incapaces de recordar quién era.

hipocampo y amígdala

Los neurotransmisores que libera la amígdala y que afectan al hipocampo intervienen en el almacenamiento de la memoria a largo plazo. De este modo, puede consolidarse el sentimiento de miedo a un determinado estímulo o que nuestros padres recuerden, por ejemplo, qué música sonaba cuando se comprometieron.

Para finalizar, recomendaros una película, Memento, que ilustra muy bien el concepto de memoria a corto plazo y largo plazo.

“Las neuronas son células de formas delicadas y elegantes, las misteriosas mariposas del alma, cuyo batir de alas quién sabe si esclarecerá algún día el secreto de la vida mental.”

Cita de Santiago Ramón y Cajal

bf

“Este post participa en la XXX Edición del Carnaval de Biología que acoge Activa tu neurona ”.

 

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La puerta me atrae al igual que yo la atraigo a ella.

La atracción entre dos cuerpos, entre dos personas, a veces se ve y otras se palpa. La atracción es más que mirar y sentirse observado. Será física,  será cosa de química, será cosa de dos sujetos que se ven, se acercan, se huelen, se tocan. La atracción será…

Con este título fue como empezó una de las clases de física y química que recuerdo. Todos nos quedamos con cara de: “al profesor se le ha terminado de ir la olla”. Así que, viendo nuestras caras continuó: “Sí, sí. A mí me atrae la puerta. Y, además, esto no depende de lo altos que seamos ninguno de los dos ni de nuestras masas.” Y ahí introdujo el término en el que se basaría para dar el resto de la explicación.

La puerta nos atrae, sí, independientemente de lo que pesemos, pero no lo suficiente como para salvar la distancia que hay entre nosotros. Es decir, que si el ordenador ahora mismo me atrajera con mucha más fuerza que yo a él, ahora mismo no estaría tecleando, tendría la cara pegada a la pantalla. Esto lo podemos trasladar a los satélites. De hecho, la Luna y la Tierra se atraen mutuamente pero, ¿por qué no se cae sobre la Tierra pese a que exista una fuerza de gravedad? Porque está en órbita  y por la curvatura de la Tierra, pero me centraré en el primer punto.

Cuando un objeto da vueltas sobre un punto, como una pelota atada a una cuerda, existe una fuerza que lo atrae hacia dentro (en el caso de la Luna, la gravedad) y otra en sentido contrario que lo expulsa hacia fuera, en este caso, la fuerza centrífuga.  Esto último es lo mismo que observamos si miramos cómo gira un tambor de la lavadora con ropa dentro. Y también se puede trasladar a un ejemplo muy gráfico: por qué los coches se salen —o no— de las curvas.

 Tal y como diría, por ejemplo, Sheldon Cooper: “un coche no se sale de una curva debido a que el módulo que describe la fuerza centrífuga y el movimiento uniformemente acelerado del vehículo, es equivalente a el módulo, en sentido contrario, que describen la fuerza de rozamiento y la fuerza centrípeta que lo atrae hacia dentro.” Y ahora muchos diréis: esto te ha quedado muy bien pero, ¿y en cristiano? Yo lo ilustraré con el siguiente dibujo:

 Donde: mrua es el movimiento del coche que tiene la aceleración que nosotros moderamos.

Fcent: es la fuerza centrípeta que atrae el coche hacia dentro de la curva y en contraposición tenemos la Fcentrífuga que lo expulsa hacia afuera.

 µ: coeficiente de rozamiento.

Como veis, no soy muy diestra dibujando circunferencias.

Como veis, no soy muy diestra dibujando circunferencias.

Como veis, al igual como en el ejemplo de la pelota, sobre un coche actúa una fuerza hacia afuera que lo expulsa y otra que lo atrae. Además, existe la aceleración que lleva el vehículo y la dirección, que va cambiando conforme giramos el volante para dar la curva. Ahora bien, cuando las dos flechas que veis en diagonal son equivalentes (podemos decir, para simplificar, que tienen la misma longitud), el coche toma adecuadamente la curva. Si entramos con exceso de velocidad, todos sabemos que nos saldremos, y esto es debido a que existe una descompensación entre las dos flechas que yo he dibujado en diagonal. Como la aceleración del vehículo es mayor, la flecha que corresponde a la fuerza centrífuga también será mayor. Resultado: gana la expulsión frente a la atracción, por lo que el coche saldrá despedido en línea recta debido a la inercia. Volviendo al ejemplo de la Luna, si hiciéramos desaparecer la Tierra, nuestro satélite también saldría despedido en línea recta.

¿Qué ocurre en una curva cerrada? Todos sabemos que la velocidad que se recomienda es mucho menor, pero esto en términos físicos se traduce en que, como el radio de la curva es más pequeño, la fuerza que tira de nosotros hacia fuera también lo es, por lo que tendremos que moderar nuestra aceleración para que no se produzca esta descompensación entre fuerzas.

 dibujo 2

Esto de la atracción y fuerzas centrífugas está muy bien pero, ¿y nosotros? ¿por qué nos sentimos atraídos por unas personas y no por otras? Según la física nos atraemos pero, ¿y según la química?

Quizá alguna vez os hayáis preguntado por qué os atrae una persona y no otra. Cuando alguien nos dice que ese chico/a le parece atractivo o atractiva y respondemos: “Sí. Si no está mal. Pero no sé… a mí no me llama.” ¿a qué se debe el no me atrae, el no hay química? Pues bien, muchos estudios apuntan al papel que ejercen las feromonas en esta atracción, aunque también os adelanto que existe controversia al respecto y falta mucho por investigar.

Las feromonas son sustancias químicas que muchos animales expresan y les hace establecer una comunicación entre ellos. Por ejemplo: que las hormigas sepan dónde está su hormiguero. Pero, ¿qué ocurre en humanos? Para detectar los olores existen distintas vías: el sentido del olfato, (en el que no entraré pero si tenéis interés podéis ver esta magnífica entrada en el siguiente enlace: a qué huele), el órgano vomeronasal y el trigeminal.

El órgano vomeronasal es el que percibe las feromonas que liberamos de forma volátil o no volátil. Éstas se encuentran en la superficie de nuestra piel y en las glándulas axilares y producen una respuesta en el organismo que las percibe.

Imagen extraída de www.antroporama.net

Imagen extraída de http://www.antroporama.net

Como muchos conoceréis, cuando un grupo de mujeres pasa mucho tiempo juntas se cicla su periodo menstrual debido a que “se huelen”. También os sonarán canciones o libros en los que se hace referencia al olor de la persona de la que se está enamorada. Una madre también puede distinguir el olor de su propio hijo entre un grupo de bebés.

Esta respuesta a las feromonas se debe a que el órgano vomeronasal está conectado con el eje hipotálamo-hipofisario. Y tal y como adelantaba al principio existen estudios acerca del papel que ejercen las feromonas de los humanos en la conducta sexual  y en nuestra respuesta hormonal.

Quería, para finalizar, comentaros acerca de un libro (también está la película) que habla de este tema. Se trata de “El perfume” de Patrick Süskind. En el libro nos muestran a un personaje que es capaz de percibir infinidad de olores pero, en cambio, él no “huele a nada”. Y por último y volviendo al tema físico de la atracción entre cuerpos, dejaros otra pregunta:

 ¿Por qué los motoristas de competición inclinan la moto para tomar una curva?

 Como diría un profesor: Venga, que esta es para nota 😉

“Lo que sabemos es una gota de agua, lo que ignoramos es el océano.”

Cita de Isaac Newton

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Este post participa en la Edición XXXIV (Edición del Sé) del Carnaval de Química, cuyo anfitrión es Jesús Garoz Ruíz (@jesusgarozruiz) en su blog moles de química 

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