La química del amor.

Cuando me invitaron a la fiesta, nunca pensé que me encontraría allí a Miguel. Hacía dos años de lo nuestro y no se podía decir que hubiéramos acabado muy bien. Él había vuelto a salir con otra persona, yo había decidido tomarme un tiempo en cuanto a relaciones se refería. Durante ese tiempo pensaba que las cicatrices se habían supurado pero allí estaban otra vez. Qué insólito pensar que has superado las cosas y darte cuenta, de un mazazo, que esa seguridad que has construido se desvanece. Y allí estábamos los dos, invitados a una fiesta en la que no pensábamos volvernos a encontrar, mirándonos de reojo otra vez, yo disimulando mi incomodidad y él debatiéndose entre hablar conmigo o saludarme sin más, marcando  esa distancia invisible que existía entre nosotros.

—¿Te traigo otra copa?

La pregunta de mi amiga Vero, servicial como siempre, me sacó un momento de mi debate interno.

—Vodka con limón.

Asintió y se alejó y yo me quedé allí sola con un cubata en la mano, mirando el fondo del vaso de plástico. Me había quedado anclada en aquel sitio, esperando a que pasara algo o se acercara alguien y me diera conversación.

—Estás muy guapa.

Alcé la cabeza y levanté los ojos hacia la voz que se había dirigido a mí. Allí estaba Miguel, sosteniendo su cubata con unos hielos menos derretidos que los míos. Miré la mano que sostenía el vaso y pensé en cuantas veces había recorrido mi espalda, cuántas veces me había bajado el tirante del sujetador.

—Gracias.

El silencio nos envolvió. Un silencio incómodo pero necesario. Nos miramos profundamente, con los ojos del otro clavados en nuestras retinas. Había mucho que decir y muchas disculpas que pedir…

Fragmento de un relato de @tmartinezii

Si en otra entrada os hablaba de las feromonas y el papel que puedan jugar en el atracción, hoy os quería contar qué sucede en el cerebro de una persona enamorada. Popularmente hablamos de la química que hay entre dos personas cuando nos referimos al enamoramiento, porque química hay, y mucha.

En el enamoramiento, entran en juego distintas estructuras .Se estimula la amígdala, se secretan distintos neurotransmisores como la endorfina (o hormona de la felicidad), hormonas sexuales,  vasopresina, cortisol y la dopamina que tiene una pinta como esta:

 Además, se activan distintas vías de conexiones entre neuronas dentro del cerebro. Entre estas conexiones se encuentran lo que se conoce como las áreas de recompensa y las que procesan estímulos sexuales. Las áreas de recompensa se estimulan cuando algo nos resulta placentero y es la que se activa cuando somos adictos a algo. Por esto, la ausencia de la persona amada nos provoca una cierta sensación de abstinencia. 

La oxitocina refuerza los vínculos, también se secreta en la lactancia, estrechando vínculos madre-bebé.

Bueno, ¿y qué ocurre cuando rompemos? ¿qué pasa cuando sufrimos el llamado “mal de amores”? Cuando se produce el cese de una relación también dejamos de estimular las vías de recompensa por lo que se da un sentimiento de frustración o rabia. Existen hipótesis sobre este comportamiento. La consabida frase: del amor al odio hay un paso, tendría sentido si pensamos que esto nos puede llevar a dejar a un lado a esa persona y poder iniciarnos en otra relación que llegue a buen puerto.

De todas formas, en las relaciones entre personas siempre intervienen diversos factores, además de los que dicta nuestra propia biología: nuestra cultura, nuestra personalidad, nuestra educación, etc.

Y para terminar, recomendaros una película, aunque seguro que casi todos conoceréis o habréis visto: Love Actually. En mi caso, es un film que nunca me canso de ver.

Quédate con un amor

que te dé respuestas y no problemas.

Seguridad y no temor.

Confianza y no más dudas.

Cita de Paulo Coelho.

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Acerca de Toñi Martínez Sánchez

Licenciada en Biología. Consultora en la industria farmacéutica. Amante del café, la lectura y los cócteles en copa de balón.
Esta entrada fue publicada en Biología con Latte y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a La química del amor.

  1. Hola Toñi,

    Una vez más me ha encantado tu entrada. Yo también hable un día de la oxitocina. Por cierto, me ha encantado el principio de la entrada, madre mía…cuantas veces habremos vivido momentos similares. Encontrarse con un ex, que las miradas se crucen, y aunque actualmente las dos personas viven mundos paralelos, en el momento que las miradas se quedan en el mismo plano, ese momento es sólo de esas dos personas. Ambas fueron especiales, y por mucho daño que haya pasado de por medio, el tiempo lo re-equilibra todo, y ahí están de nuevo, esos ojos con esa mirada que una vez estuvieron todos los días del pasado.

    Un besico
    http://www.upciencia.com

    • Gracias por tu comentario, Lorena!
      El fragmento del principio pertenece a un relato algo más largo que hace tiempo escribí y es cierto que ese momento siempre pertenece a las dos personas que una vez compartieron tanto.
      Yo también creo que el tiempo re-equilibra las cosas, o más bien, las relativiza porque las vemos de otra manera y con otros ojos, porque ya no somos la misma persona que antes.
      Un saludo!

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