Cómo leemos: el hábito de descifrar la palabra escrita.

Los recuerdos son como las hojas que caen de los árboles, se acumulan alrededor tuyo con suavidad y hacen ruido cuando reparas sobre ellos. Y esos recuerdos son los que te atacan en los momentos más inesperados, más indecisos. Diego recordaba que, cuando era adolescente, se imaginaba a sí mismo viviendo en una gran ciudad, viajando en metro constantemente, pasando por debajo de monumentos emblemáticos por los que cualquier turista cosería a fotos. Se imaginaba con la alegría contenida que debía dar viajar y salir de una boca de metro para encontrarse con el motivo de su viaje.  

El anuncio de su parada lo sacó de sus pensamientos. Se irguió antes de tiempo, para conseguir alcanzar la puerta en el preciso momento en que se abrieran. Se colocó  la chaqueta y observó rostros impasibles mecerse en el vaivén del metro, miradas vacías que se dejaban transportar por la música de sus Ipods, pequeños corrillos que charlaban ajenos a la ciudad que sobre ellos brillaba. Mientras sorteaba  a las personas que se cruzaban en su camino cuando bajó del metro, se preguntó qué quedaba de aquel joven que un día soñó con ser mayor para poder  bajarse en aquellas paradas que ahora discurrían una tras otra, como una letanía, sin más sentido que la sensación de estar perdiendo el tiempo.

“El turista cansado” por @t_martinezii

La mayoría de España está de vacaciones, es el mes por excelencia del descanso veraniego pese a que todas las estadísticas y encuestas apunten a que son las peores semanas en las que tomarse ese ansiado descanso: todo es más caro y las playas parecen estar más llenas que nunca.

Para no faltar a la tradición, yo también he sucumbido a las vacaciones en agosto —merecidas o no, según se mire— y, aunque no voy a contar todo lo que llevo en la maleta express que hago, (y digo express porque la hago unas horas antes de irme de viaje) sí que os diré uno de mis imprescindibles: un libro o en su defecto, una revista. Pocas veces voy a algún sitio sin algo que hojear cuando estoy en la playa o en trayecto de tren o avión. A veces lo elijo en la misma librería de la estación o aeropuerto, otras lo llevo de casa o prestado. Así, por lo menos, el viaje siempre se me hace más corto.

Seguro que habéis oído o leído alguna vez los beneficios de la lectura. Aparte de fomentar la concentración, cuando leemos el cerebro activa diversas regiones para visualizar la palabra, comprenderla y a la vez, imaginar la historia que nos están contando. Así pues, si leemos una secuencia de acción, se activarán también zonas en el cerebro como si nosotros mismos fuéramos partícipes del momento de acción que estamos leyendo. Además, mantener el hábito de leer pasados los setenta años o tocar un instrumento musical, disminuye las posibilidades de desarrollar demencias.

Sin título

Y es que leer parece una actividad sencilla pero realmente no lo es. Existen dos formas o vías de lectura, la indirecta y la directa. En la primera, también conocida como fonológica, se transforman las palabras que leemos escritas en fonemas o sonidos. Conforme se va leyendo la palabra se van descodificando las sílabas o fonemas hasta que obtenemos la palabra completa. Una vez que se ha leído la palabra y obtenido su sonido, la asociamos mentalmente a su significado.

La forma directa  es visual. Vemos la palabra como un todo y buscamos mentalmente su significado, de forma que la lectura de un texto se realiza de forma más rápida que diciendo las sílabas que conforman las palabras. Debido a que visualizamos la palabra como un todo, podemos leer palabras cuyas letras no estén en el orden correcto y comprenderlas.

De una forma y otra, leer es un hábito tan saludable como hacer deporte, o por lo menos, yo lo considero así. A las personas que me dicen que no les gusta leer, que aún no han encontrado ningún libro que les enganche o motive a lanzarse a la lectura, siempre les digo que la literatura es como las películas, hay muchísimas historias y seguro que alguna les termina gustando, es sólo cuestión de encontrar un libro que se adapte a tus gustos o preferencias. Es cuestión de dar con la historia que te transmita algo.

Las páginas de un libro encierran muchísimas cosas como por ejemplo, un característico olor que nos recuerda a la vainilla cuando el libro es viejo.  Con el paso de los años, la lignina del papel de las hojas — con una composición muy similar a la vainilla—se va oxidando, con lo que el color de las páginas amarillea además de desprender ese aroma dulzón.

Estructura lignina. Imagen extraída de biologia.fciencias.unam.mx

Finalmente, quería dejaros uno de mis libros favoritos. No lo he leído, simplemente le he echado un vistazo. Os preguntaréis como puede figurar entre mis libros preferentes si no lo he leído: porque es el libro con el que estudió uno de mis bisabuelos. Además, de tener ese característico olor del que hablaba antes, te das cuenta de cómo ha cambiado la educación en muchos aspectos, cuánto quedaba por aquel entonces por conocer y cuánto sabemos ahora y lo que más me impresiona: que algunas cosas siguen enseñándose igual, porque se llamen quebrados o fracciones, todavía se siguen resolviendo de la misma forma.

A la izquierda, una imagen de Alfonso XIII

A la izquierda, una imagen de Alfonso XIII

Sea con un libro, con música o con una tarde con los amigos en una terraza, habrá que disfrutar las vacaciones los que las cogemos ahora, o sobrellevar mejor la vuelta al trabajo y a la rutina. Parte de España que vuelve a incorporarse a sus vidas y vuelve a coger ese metro o ese coche, vuelve a desfilar por trayectos que tal vez tengan encanto, donde seguro que, ese resto de España que todavía descansa, está haciendo una foto, aunque nosotros sólo podamos ver nuestra ruta diaria al tajo.

                              “Sólo se ve con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos…                           Eres responsable para siempre de lo que has domesticado.”     Cita extraída de El principito.

“Este post participa en la XXXII Edición del Carnaval de Biología que acoge  @ScyKness”“       Esta entrada participa en la  XI Edición del Carnaval de las Humanidades,cuyo blog anfitrión es SCIENTIA.

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Acerca de Toñi Martínez Sánchez

Licenciada en Biología. Consultora en la industria farmacéutica. Amante del café, la lectura y los cócteles en copa de balón.
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5 respuestas a Cómo leemos: el hábito de descifrar la palabra escrita.

  1. Paula dijo:

    Qué post más interesante Toñi! me ha encantado, soy una fanática de la lectura, antes de acabar un libro ya tengo preparado en la mesita de noche el siguiente!;) Así que me ha parecido muy curioso todo lo que has explicado. Por supuesto un libro para nuestras vacaciones ya sea en la playa, el tren, el avión…no puede faltar!Un besito guapa!
    http://www.uncafeconpaula.blogspot.com

    • Hola, paula!
      Como me suena lo de tener otro libro preparado para cuando termines con el que estás. A veces, cuando viajo y me paso por alguna de las librerías de las estaciones, siempre me dijo: “venga, cuando termine con el que estoy que si no…”. Un besito!

  2. Hola Toñi,

    Qué chulos son tus post siempre =) me encanta leer tu blog. Yo también soy de llevarme un libro siempre, de hecho este fin de semana vuelo a Suiza y ya tengo pensado que libro me llevaré. Siempre me ha gustado mucho leer, aunque leía más cuando era estudiante, ya que durante el trayecto de metro y los viajes de fin de semana en tren daban mucho de sí para leer…ya que desde que estoy en casa y no viajo tanto…no sé, me hecho más a ver series y no leo tanto, aunque cuando lo pienso seriamente siempre llego a la misma conclusión “lore deja de ver tantas series y vuelve a la lectura”

    Un besico
    http://www.upciencia.com

    • Hola, Lorena!
      Gracias por tu comentario! Los trayectos en metro se hacen menos pesados si llevas algo que hacer. Así siempre aprovechas el tiempo del camino al trabajo o a la universidad. En el metro he visto gente haciendo de todo, desde leer el clásico libro a ir con el ebook, haciendo punto o ganchillo y ya, lo que más me impresiona, pintándose las uñas entre parada y parada ¡qué pulso!
      Un beso!

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