La puerta me atrae al igual que yo la atraigo a ella.

La atracción entre dos cuerpos, entre dos personas, a veces se ve y otras se palpa. La atracción es más que mirar y sentirse observado. Será física,  será cosa de química, será cosa de dos sujetos que se ven, se acercan, se huelen, se tocan. La atracción será…

Con este título fue como empezó una de las clases de física y química que recuerdo. Todos nos quedamos con cara de: “al profesor se le ha terminado de ir la olla”. Así que, viendo nuestras caras continuó: “Sí, sí. A mí me atrae la puerta. Y, además, esto no depende de lo altos que seamos ninguno de los dos ni de nuestras masas.” Y ahí introdujo el término en el que se basaría para dar el resto de la explicación.

La puerta nos atrae, sí, independientemente de lo que pesemos, pero no lo suficiente como para salvar la distancia que hay entre nosotros. Es decir, que si el ordenador ahora mismo me atrajera con mucha más fuerza que yo a él, ahora mismo no estaría tecleando, tendría la cara pegada a la pantalla. Esto lo podemos trasladar a los satélites. De hecho, la Luna y la Tierra se atraen mutuamente pero, ¿por qué no se cae sobre la Tierra pese a que exista una fuerza de gravedad? Porque está en órbita  y por la curvatura de la Tierra, pero me centraré en el primer punto.

Cuando un objeto da vueltas sobre un punto, como una pelota atada a una cuerda, existe una fuerza que lo atrae hacia dentro (en el caso de la Luna, la gravedad) y otra en sentido contrario que lo expulsa hacia fuera, en este caso, la fuerza centrífuga.  Esto último es lo mismo que observamos si miramos cómo gira un tambor de la lavadora con ropa dentro. Y también se puede trasladar a un ejemplo muy gráfico: por qué los coches se salen —o no— de las curvas.

 Tal y como diría, por ejemplo, Sheldon Cooper: “un coche no se sale de una curva debido a que el módulo que describe la fuerza centrífuga y el movimiento uniformemente acelerado del vehículo, es equivalente a el módulo, en sentido contrario, que describen la fuerza de rozamiento y la fuerza centrípeta que lo atrae hacia dentro.” Y ahora muchos diréis: esto te ha quedado muy bien pero, ¿y en cristiano? Yo lo ilustraré con el siguiente dibujo:

 Donde: mrua es el movimiento del coche que tiene la aceleración que nosotros moderamos.

Fcent: es la fuerza centrípeta que atrae el coche hacia dentro de la curva y en contraposición tenemos la Fcentrífuga que lo expulsa hacia afuera.

 µ: coeficiente de rozamiento.

Como veis, no soy muy diestra dibujando circunferencias.

Como veis, no soy muy diestra dibujando circunferencias.

Como veis, al igual como en el ejemplo de la pelota, sobre un coche actúa una fuerza hacia afuera que lo expulsa y otra que lo atrae. Además, existe la aceleración que lleva el vehículo y la dirección, que va cambiando conforme giramos el volante para dar la curva. Ahora bien, cuando las dos flechas que veis en diagonal son equivalentes (podemos decir, para simplificar, que tienen la misma longitud), el coche toma adecuadamente la curva. Si entramos con exceso de velocidad, todos sabemos que nos saldremos, y esto es debido a que existe una descompensación entre las dos flechas que yo he dibujado en diagonal. Como la aceleración del vehículo es mayor, la flecha que corresponde a la fuerza centrífuga también será mayor. Resultado: gana la expulsión frente a la atracción, por lo que el coche saldrá despedido en línea recta debido a la inercia. Volviendo al ejemplo de la Luna, si hiciéramos desaparecer la Tierra, nuestro satélite también saldría despedido en línea recta.

¿Qué ocurre en una curva cerrada? Todos sabemos que la velocidad que se recomienda es mucho menor, pero esto en términos físicos se traduce en que, como el radio de la curva es más pequeño, la fuerza que tira de nosotros hacia fuera también lo es, por lo que tendremos que moderar nuestra aceleración para que no se produzca esta descompensación entre fuerzas.

 dibujo 2

Esto de la atracción y fuerzas centrífugas está muy bien pero, ¿y nosotros? ¿por qué nos sentimos atraídos por unas personas y no por otras? Según la física nos atraemos pero, ¿y según la química?

Quizá alguna vez os hayáis preguntado por qué os atrae una persona y no otra. Cuando alguien nos dice que ese chico/a le parece atractivo o atractiva y respondemos: “Sí. Si no está mal. Pero no sé… a mí no me llama.” ¿a qué se debe el no me atrae, el no hay química? Pues bien, muchos estudios apuntan al papel que ejercen las feromonas en esta atracción, aunque también os adelanto que existe controversia al respecto y falta mucho por investigar.

Las feromonas son sustancias químicas que muchos animales expresan y les hace establecer una comunicación entre ellos. Por ejemplo: que las hormigas sepan dónde está su hormiguero. Pero, ¿qué ocurre en humanos? Para detectar los olores existen distintas vías: el sentido del olfato, (en el que no entraré pero si tenéis interés podéis ver esta magnífica entrada en el siguiente enlace: a qué huele), el órgano vomeronasal y el trigeminal.

El órgano vomeronasal es el que percibe las feromonas que liberamos de forma volátil o no volátil. Éstas se encuentran en la superficie de nuestra piel y en las glándulas axilares y producen una respuesta en el organismo que las percibe.

Imagen extraída de www.antroporama.net

Imagen extraída de http://www.antroporama.net

Como muchos conoceréis, cuando un grupo de mujeres pasa mucho tiempo juntas se cicla su periodo menstrual debido a que “se huelen”. También os sonarán canciones o libros en los que se hace referencia al olor de la persona de la que se está enamorada. Una madre también puede distinguir el olor de su propio hijo entre un grupo de bebés.

Esta respuesta a las feromonas se debe a que el órgano vomeronasal está conectado con el eje hipotálamo-hipofisario. Y tal y como adelantaba al principio existen estudios acerca del papel que ejercen las feromonas de los humanos en la conducta sexual  y en nuestra respuesta hormonal.

Quería, para finalizar, comentaros acerca de un libro (también está la película) que habla de este tema. Se trata de “El perfume” de Patrick Süskind. En el libro nos muestran a un personaje que es capaz de percibir infinidad de olores pero, en cambio, él no “huele a nada”. Y por último y volviendo al tema físico de la atracción entre cuerpos, dejaros otra pregunta:

 ¿Por qué los motoristas de competición inclinan la moto para tomar una curva?

 Como diría un profesor: Venga, que esta es para nota 😉

“Lo que sabemos es una gota de agua, lo que ignoramos es el océano.”

Cita de Isaac Newton

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Este post participa en la Edición XXXIV (Edición del Sé) del Carnaval de Química, cuyo anfitrión es Jesús Garoz Ruíz (@jesusgarozruiz) en su blog moles de química 

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Acerca de Toñi Martínez Sánchez

Licenciada en Biología. Consultora en la industria farmacéutica. Amante del café, la lectura y los cócteles en copa de balón.
Esta entrada fue publicada en Café de química y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

9 respuestas a La puerta me atrae al igual que yo la atraigo a ella.

  1. Interesante la entrada. Hace tiempo me encontré con un trabajo que probablemente hiciste en la UA, en una jornada de antropología biológica, que relacionaba el complejo mayor de histocompatibilidad con la atracción hacia la otra persona, curioso. Y gracias por la mención 🙂

    • La verdad es que no recuerdo ese trabajo, quizá no era yo 😛 Eso sí, el tema de las feromonas siempre me ha llamado mucho la atención y más desde que leí el libro que menciono en el post. Es muy curioso como nos olemos, a veces, sin que nos demos cuenta. Un saludo!

  2. Pingback: Contribuciones a la #EdiciónSé del Carnaval de Química | moles de química

  3. Qué entrada más diversa!!! al principio no tenía ni idea sobre que iba a ir jajaja.

    Sobre el tema “ciclo menstrual” se suele juntar a mujeres que viven cerca, por lo que di en la carrera es por competencia en la reproducción. A ver si consigo explicarme bien jaja. Como bien has dicho, nos “olemos” las hormonas, por lo que los cuerpos acaban regulándose para que todos los ciclos sean a la vez, y de esta manera las expectativas de embarazo sean al mismo tiempo, es decir, si un macho pasa por un conjunto de hembras, todas ellas estarían con las mismas ventahas/desventajas, ya que todas tienen el mismo ciclo menstrual. Me quede loca al escucharlo en clase de “Reproducción animal”, no sé, ves vídeos de animales como tienen un comportamiento sexual determinado, pero nunca había pensado que nuestro cuerpo pudiera “regularse” para un fin “competitivo”, pero al fin y al cabo el “Homo sapien sapiens” no deja de ser un animal más del planeta, y por lo tanto existen diferentes comportamientos e instintos que están fuera de la conducta inteligente del ser humano, es lo que nos hace estar más cerca al resto de seres vivos 😉 ya que siempre he sido del punto de vista que no somos la “mejor raza” simplemente somos diferentes, nosotros nunca podremos volar por ejemplo, pero si podemos razonar nuestras decisiones, cada ser vivo tiene algo especial.

    • Hola, Lorena!
      Muchas gracias por el aporte! Coincido con tu opinión sobre que no somos la especie superior. La evolución nos ha conducido hasta aquí por una serie de circunstancias que se han dado en el medio y eso, nos ha hecho desarrollar unas adaptaciones o otras. No tenemos muchas de las estrategias que tienen otros animales porque simplemente no nos han hecho falta o no han prosperado por las condiciones en las que aparecieron. Sin embargo, conservamos algunas, digamos “reliquias”, como la que comentas del ciclo menstrual y otros reflejos que tenemos al nacer pero que luego vamos perdiendo.
      Este tema, el de los reflejos que perdemos, también es muy interesante. Algún día escribiré un post sobre ello.
      Un saludo!

  4. Hola Toñi!

    Fantástica relación entre la Física y la Química, entre lo material y lo personal. Y viceversa.
    Saludetes,
    Jesús

  5. Pingback: Retransmisión de la #EdiciónSé del Carnaval de Química. Primera parte del partido | moles de química

  6. Pingback: La química del amor. | Café de Ciencia

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