A esa edad ya éramos mujeres.

Es eso que pasa, es eso que envuelve. A veces nos mira y otras nos da la espalda. A veces nos da la mano y otras nos martiriza. A veces se nos va, se nos escapa y la retenemos por momentos. Dicen que la vida es para vivirla, para estrujarla. Dicen que la vida…

A esa edad ya éramos mujeres (o hombres, según cada caso).  Alguna vez en nuestra vida hemos oído esta singular frase y seguro que en muchas ocasiones ha venido acompañada de “ y tú ahí con el ordenador”. Y es que nuestros padres ya tenían la “vida resuelta” mucho antes de cumplir los treinta. Se casaban mucho antes que ahora y tenían hijos siendo muy jóvenes: “es que a tu edad ya estábamos hartas de trabajar”.

Puede haber mil frases con decenas de combinaciones pero, el resultado siempre parecerá el mismo: un salto generacional. Abro este post con una reflexión sobre esta temática por una entrada The generation gap que, si no habéis leído, os la recomiendo.

Parece que a los jóvenes nos han puesto una zancadilla. Abrirse camino en el mundo laboral o pasar un proceso de selección parece una tarea al más puro estilo Indiana Jones:

Los datos sobre el paro juvenil —más del 55% de jóvenes menores de 25 años buscan trabajo y no lo encuentran— quitan el hipo hasta el más osado. Y nuestra generación, la “generación perdida”, se ve abocada a hacer, en muchos casos, las maletas como hicieron nuestros abuelos no hace tantos años. Y es que, muy tristemente, estamos volviendo a atrás y se está destruyendo poco a poco el estado del bienestar.

Parece que los jóvenes no tengamos cabida en el mercado laboral. Encendemos el televisor y si observamos, por ejemplo, la cámara del Congreso e hiciéramos un censo, la edad media no bajaría de los cuarenta y cinco años (por lo menos). Nadie nació siendo director de banco, ni político, ni territory manager pero parece que ya no se acuerden del camino que les llevó a ser quien son ahora.

Yo creo que no es que se acuerden o se quieran olvidar. Yo creo que, simplemente, sus dificultades eran distintas a las nuestras. Es cierto que ellos no se han encontrado con un mercado laboral con menos oportunidades que nunca, para el que nadie te avisa ni te prepara y para el que, cada vez, hay más gente con formación,  pero nosotros tampoco hemos comido lo mismo tres días seguidos, ni hemos visto cómo entraban a nuestras casas para dar “el paseíllo” a alguien de nuestra familia, ni hemos vivido la dictadura.

Creo que el salto generacional se establece cuando no hay buena comunicación entre una postura y otra.  Anteriormente mucha gente emigraba a una ciudad sin más pertenencias que sus propias manos y la ropa que llevaba puesta y por ende, la tenía que lavar a mano cada día. Las personas que no estudiaban (la mayoría) trabajaban porque tenían que trabajar, para no pasar hambre, para dar de comer a su familia. Recuerdo una conversación que tuve con una clienta cuando trabajaba en una panadería. Era una señora relativamente mayor y me pidió una barra de pan. La breve conversación que mantuvimos creo que transcurrió así:

— ¿Qué barra quiere?

—¡La que sea, hija!¡El pan es pan y no sé por qué ahora tiene que haber tantas clases!¡El pan debería ser siempre el mismo!

Recuerdo también que mi compañera, más joven que yo, me preguntó que por qué esa señora se había puesto así, y yo le contesté:

—Porque habrá vivido la posguerra y no entiende por qué ahora hay tantas clases de pan y por qué mucha gente lo quiere recién hecho.

No se trata de volver a lo de antes, a las raciones de pan y leche pero, vengo a decir que muchas personas que vienen de tantas carencias aprecian lo que tenemos, tal vez, incluso mucho más que nosotros. Y son esas personas las que no entienden por qué si tenemos un plato de comida caliente sobre nuestra mesa, tenemos techo y tenemos dos manos, no nos lanzamos a buscar trabajo en lo que sea, porque para ellos el trabajo significa comer cada día —bueno y para nosotros también, pero creo que entendéis qué quiero decir—. Y eso ocurre porque no han estudiado como muchos de nosotros, no buscan un trabajo en el que se sientan motivados, valorados y en el que hayan puesto toda su vocación, no han pasado muchos años de su vida cultivándose para querer demostrar su valía. Por eso no entienden que nos podamos sentir frustrados si trabajamos “de otra cosa”.

Estoy segura de que ellos deseaban los mismo que nosotros ¿Acaso no queremos independizarnos o lo hemos hecho ya?¿Acaso no queremos conducir un coche o una moto, tener un trabajo y una estabilidad? Los anhelos no cambian, cambia la vida, las dificultades, el entorno. Ellos desconocen nuestra postura porque nunca se han enfrentado a nuestros días y nosotros tampoco a los suyos. Y en definitiva, como en cualquier conflicto, sólo hace falta escuchar y sentirse escuchado (que parece que en estos tiempos  esto escasea), tolerar y ser tolerado pero, sobre todo, empatía porque si no nos acordamos de cuándo empezábamos a caminar, nunca sabremos por qué ahora estamos corriendo.

En tres tiempos se divide la vida: en presente, pasado y futuro. De éstos, el presente es brevísimo; el futuro, dudoso; el pasado, cierto.

Cita de Séneca

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Acerca de Toñi Martínez Sánchez

Licenciada en Biología. Consultora en la industria farmacéutica. Amante del café, la lectura y los cócteles en copa de balón.
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6 respuestas a A esa edad ya éramos mujeres.

  1. Hola guapa,
    Estoy viendo que somos “muchos” los que hemos estudiando y somos bloggers y escribimos sobre ello, sobre como nos sentimos después de estar años preparándonos. Ais…¿quién nos lo iba a decir? Comencé la carrera en época de vacas gordas, donde la palabra crisis no tenía significado y nadie la mencionaba…ahora si no escucho 10 veces la palabra crisis quizás la escuche 50.

    Estoy segura que llegaré el año que esto cambiará, o al menos mi vida dará un giro, encontraré trabajo y podré sentirme plena y feliz. Siempre me he considerado una persona optimista y cada día me cuesta más serlo, lo sigo siendo porque soy así por naturaleza, y así me pasa…que a cada ilusión me llevo un batacazo jajaja.

    Qué mujer más maja la del pan 😉 la verdad es que nuestros abuelos tienen una percepción totalmente diferente a la nuestra. Mi abuela no compra todos los días pan, ella dice “si me queda pan pues lo caliento un poco y arreando, se puede comer el pan del día anterior” y tiene toda la razón del mundo, ella es lo que ha conocido y ha continuado siendo así, una de las razones de esta crisis ha sido la avaricia, querer crecer más y más sin ningún tipo de mesura, y así estamos ahora, pagando los platos quienes no hemos tenido la oportunidad de comenzar nuestras ilusiones.

    Ups…que comentario más largo me ha quedado :S jajaja, al final me ha salido la vena “filosófica”

    Un besico
    http://www.upciencia.com

    • tmartinezii dijo:

      Hola, Lorena:
      En primer lugar muchas gracias por tu aporte y por haber dedicado un ratito a leerme 😉
      No sabes cómo de identificada me siento contigo ahora mismo. Es muy difícil abrirse paso en el entorno laboral tal y como están las cosas. Yo busco seguir trabajando de lo que me gusta, pero los procesos de selección son largos y tediosos, las entrevistas son duras, y al final, después de todo el esfuerzo, pueden decantarse por otro candidato.
      Cada vez que mi madre me llama y me pregunta y le cuento cómo es el proceso de selección en el que estoy, alucina. Siempre me dice: ¡qué difícil está conseguir un buen trabajo! Porque ella cuando era joven sólo tuvo que plantarse delante de la fábrica y pedirlo al encargado. Ni currículum, ni entrevista, ni dinámica de grupo, ni pruebas…
      Sé que es muy complicado ser optimista, sonreír cuando dicen: “algo te saldrá, ya verás”, porque los días pasan y tú sigues en el mismo sitio, mientras el resto del mundo se mueve. Pero te diré que el que no busca no encuentra, que si antes había que tocar veinte puertas y ahora hay que tocar treinta, pues se tocan, que esa oportunidad está ahí, y que seguro que con perseverancia, trabajo y ganas, la encontrarás, o ella te encontrará a ti 🙂
      Un besico!

      • algún día llegará jajaja, a saber cual 😛

        La verdad es que los procesos de selección de muchas empresas son agotadores…yo estuve en una entrevista de más de 7 horas!!! desde las 9 de la mañana hasta las 5 de la tarde!! para querer morir!! jajaja

        Un besico =)

  2. ¡Magnífico post! De verdad, una gran reflexión. Los tiempos cambian, y con ellos las experiencias. Muchas cosas se repiten, pero de distinto modo, y el modo, y las formas, son las que poco a poco van haciendo a la persona. Eso sí, nunca hay que perder la positividad. Con todo el conocimiento que tenemos debemos crear, inventar, movernos y contribuir.
    Enhorabuena, qué ganas tenía de leerte 😉
    Jesús

  3. Creo que cuanto mayor es la educación menos se tolera la injusticia y la desigualdad. Nuestros padres y abuelos tragaron sapos y culebras que hoy no estaríamos dispuestos a tragar, opino. Saludos.

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